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Argonáuticas 2.0

Detectivismo Literario

Una ciudad vasta y plana

jueves, enero 07, 2010

No lo pensaba entonces, pero a mí me gustaba ir al apartamento de K. porque su balcón era un panóptico desde el que era posible ver la línea alucinada de un valle que, ahora, es sólo una fotografía en el recuerdo, pero que en su momento era la forma del mundo, el tamaño mismo del universo. Recuerdo bien ese paisaje. Recuerdo que, a lo lejos, se dibujaba el recorte azul de una hilera de montañas tenues a la vez que, de un lado, flotaba como en una bruma de mentira el azul plácido de un lago. Más a la izquierda, crecía la caligrafía salvaje de los pastos, las cuadrículas verdes de los sembradíos de caña de azúcar y, si uno se fijaba con detenimiento al fondo, en días despejados era posible ver la forma de unos morros afilados en la distancia, como el decorado de una historia china.

Más cerca, abajo, la ciudad era un suspiro perdido entre los árboles. Un arañazo que crecía o se escondía entre la fronda de los samanes y los eucaliptos. A veces, mirando desde ese balcón, yo jugaba a ubicar entre tanto follaje el techo de la terminal de autobuses, con sus canaletas funcionalistas pintadas de azul y rojo. El vacío que dejaban las plazas del centro desde el que, de tanto en tanto, estallaba el vuelo de las bandadas de palomas nerviosas. O la caminería de azulejos desteñidos de la plaza Bolivar donde, al caer la tarde, flotaba el amarillo triste de las bombillas que iluminaban el meticuloso sopor de tantos amantes escapados.

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Por P. E. Rodríguez/R.Coll, 10:39 p. m.

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